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“Disculpen, fui un idiota”

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“Disculpen, fui un idiota”

Un mal sabor. Es lo que ha dejado nuestro señor presidente tras su mensaje a la nación. Mejor lo hubiera tuiteado, o tal vez no le alcanzó los 150 caracteres para decir nada o en el mejor de los casos enviaba un mensaje por su face, como dicen los niños (Facebook)

“Quiero dejar en claro que no voy a retroceder ni un milímetro en ninguna de las políticas educativas que le he encargado al ministro [de Educación]. Son políticas prioritarias por las cuales miles de jóvenes marcharon anoche en las calles. No los voy a defraudar”, dijo.

Difícil de creer. Muy difícil, lo que Pedro Pablo Kuczynski no debe haber calibrado a cabalidad, quizás, fue el morro y la conchudez superlativa de Luz Salgado, quien apenas fue beneficiada con la presidencia del Congreso de la República, salió a la calle por sus propios medios, sacando pica a la minoría del Congreso y amañando las trabas de este gobierno.

Definitivamente a Kuczynski le faltó decir “Disculpen, fui un idiota”, por lo pronto esto inicia con “los FujiKausas”, una fusión de chifa, de a cinco soles y una cerveza nortemaerica; una combinación de ratón, pericote y rata.

Pero ello no solo queda ahí, a nivel nacional; el nivel local es aún una aventura por recorrer, un chochito que picar, un ceviche picante y una vecindad por conocer.

Como, ¿Qué más da el asunto de los “Terryaudios”? ¿Qué más da la contratación de una grúa por face? ¿Qué más da poner un estrado al “equipo de pueblo”? ¿Qué más da tener buenos proveedores? ¿Qué más da, digo, si estamos en Huaraz? Y acá, como sabemos, no pasa nada, absolutamente nada, con cada alcalde que pasa.

Y no solo no pasa absolutamente nada, sino que, si acaso no se han dado cuenta todavía, la corrupción tiene barra libre, y se pasea en combi o, si prefieren, en uno de los autos de serenazgo, lo mismo da, pero que se pasea, se pasea.

No debería ser así, es verdad. Pero el Perú no es Francia, ni Chile. Acá tenemos de todo; desde que la policía pide una “propina” en estas fechas, o el alcalde que le dice al contratista “puedo hacer que ganes la licitación pero el 5% es mío” Y la lista de ejemplos es muy larga y la cosa nada se calla hasta en las oficinas más insospechadas. Porque las historias de sobornos y corrupción, son tan viejas como las leyendas de los hermanos Ayar al igual que los primos hermanos de la política como el fútbol, la religión, entre otros.

Lo terrible es que nos hemos acostumbrado porque lo toleramos, la consentimos, la perdonamos, le dedicamos una oración y no nos damos cuenta, los peruanos, de que la corrupción no es una mera preocupación moral y ética.

Ahora algo para nuestros “padre de la patria”, que no saben dónde terminaron su secundaria, para que exijan mecanismos eficaces de transferencia, para que reducir menos regularidades y menos burocracia, que suele ser las trabas del sistema que propicia esta corrupción galoparte e impune que padecemos, BAJEN SUS DICHOSOS SUELDOS, porque el que siembra siempre a de cosechar.

“Porque en Navidad, ni Santa, les sanciona su basta estupidez”.

 

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