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A raíz de Palcacocha: Inicios y avances de la glaciología en el Perú

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Cultura

A raíz de Palcacocha: Inicios y avances de la glaciología en el Perú

Han transcurrido 75 años, desde la Unidad de Glaciología se sigue generando información y fortaleciendo la relación entre la ciencia y la sociedad.

El 13 de diciembre de 1941 se produjo el desprendimiento de grandes masas de hielo que cayeron sobre la laguna Acoshacocha (Palcacocha), generando la ruptura del dique morrénico que originó un aluvión que recorrió la quebrada Cojup y llegó hasta la ciudad de Huaraz arrasando campos de cultivo, infraestructuras y vidas humanas que superaron los cuatro mil, aproximadamente.

A raíz de este evento, el gobierno nacional de ese entonces, encarga a un grupo de profesionales la evaluación de las condiciones de la laguna Palcacocha y los daños ocasionados en la ciudad de Huaraz. Con esta acción se inicia el estudio de lagunas glaciares del Perú, y nace la ahora, Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), teniendo como sede –desde ese año hasta ahora- la ciudad de Huaraz.

Los estudios y monitoreo de glaciares y lagunas del Perú, han transitado a través de diferentes instituciones y etapas: Instituto Geológico del Perú (1941-1950), Comisión de Lagunas de la Cordillera Blanca (1951-1969), Corporación Peruana del Santa (1969-1973), ElectroPerú (1973-1979), Instituto de Geología y Minería (1977-1978), Instituto de Geología, Minería y Metalurgia (1978-1981), Hidrandina (1981-1991), ElectroPerú (1991-1999), Inrena (1999-2009) y desde el 2009 la Autoridad Nacional del Agua (ANA), siempre con su sede en Huaraz.

Durante 75 años, se ha generado una serie de experiencias y conocimientos que ubican al Perú como un país referente en temas de glaciares y lagunas. Entre las experiencias más representativas desarrolladas desde la Unidad de Glaciología (ANA), resaltan: evaluación de la laguna Palcacocha desde 1941 hasta la actualidad; evaluación, inventario e identificación de lagunas peligrosas en las cordilleras nevadas del Perú (1942-1950); registro aerofotográfico de las cordilleras del Perú a través del Sistema Aerofotográfico Nacional (1948); ejecución de obras de seguridad en 35 lagunas (1950); elaboración del Primer Inventario de Lagunas de la cordillera Blanca (1953); inicio del monitoreo al glaciar Pastoruri (1980); publicación del Primer Inventario de Glaciares del Perú (1989); e inicio del monitoreo del glaciar Znosko en la Antártida (2015).

Los resultados de estas acciones, principalmente, han reducido los riesgos de la población asentada al pie de 35 lagunas de la cordillera Blanca, donde se ejecutaron obras de seguridad; se cuenta con información actualizada sobre la evolución de las cordilleras del Perú; se conoce el volumen actual y las características de más de 200 lagunas a nivel nacional; se hace un seguimiento del comportamiento del frente glaciar de la Red de Glaciares Monitoreados en el país, como Pastoruri que en los últimos 20 años ha perdido el 54% de su cobertura glaciar. Para entender los factores que afectan el retroceso glaciar se estudia el comportamiento del clima; además, se cuantifica el aporte hídrico de los glaciares para su uso en las diferentes actividades.

La información generada está permitiendo que las autoridades construyan herramientas de interés para la población y se generen iniciativas de adaptación al cambio climático. En Huaraz, la Plataforma de Defensa Civil junto a las universidades de Zurich y Texas elaboró el mapa de peligro ante aluviones de origen glaciar con la finalidad de preparar a las familias para su evacuación a zonas seguras; en Pastoruri (Cátac), el gobierno local, la comunidad campesina y el Parque Nacional Huascarán han generado una nueva propuesta turística y de educación científica, la Ruta del Cambio Climático, espacio natural que nos permite conocer y aprender sobre el proceso de cambio climático a nivel global y local.

Han transcurrido 75 años, desde la Unidad de Glaciología se sigue generando información y fortaleciendo la relación entre la ciencia y la sociedad, por su parte, las autoridades deben tener compromisos concretos en la gestión del recurso hídrico y del riesgo de desastres, las instituciones apoyar iniciativas sostenibles, y la población asumir un compromiso responsable de participación en los procesos de educación, información y sensibilización.

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