Señor Z

Danza de emociones

By Zugner Regalado

February 17, 2018

Por estos días Trujillo fue la sede de unas de las máximas expresiones de peruanidad. Sinónimo de pies hinchados, destrozados y agotados. La marinera norteña no es una simple danza y quienes la escuchan exclusivamente para el Festival Internacional de la Primavera ignoran el gran valor de cultura viva que posee para los que la disfrutamos asiduamente.

Cada paso, cada giro, cada agitar del pañuelo o movimiento de sombrero, el flamear del poncho y la falda. Las miradas. El cortejo de la marinera es un todo –único y especial– que emana dulzura desde el propio corazón y transmite la más bella sensación.

Los trujillanos inflan el pecho y sacan el orgullo más contumaz cuando llega el mes de enero. La marinera, en cualquiera de sus extensiones, es el producto de la riqueza cultural del país. Es el baile patrio por excelencia derivado de la riqueza étnica del cholo, el criollo y el selvático. Es la unión de lo corriente y lo propio ¿Quién no se siente más peruano al escuchar una marinera?

Quizá no la sepa bailar, pero insisto en que es cultura viva, apasionada y análogo de unidad a todo nivel. Semejante para todos los estratos socioeconómicos a la hora de hechizarnos con la clásica “Concheperla” (1911), hasta canciones contemporáneas como “Chiclayanita”, “El sueño de Pochi” o “Así baila mi trujillana”.

La marinera no sólo es parte de la identidad nacional en enero pues envuelve a la industria comercial norteña. Es un modo de vida que implica tejido, sombreros, pendientes y gastronomía. Es disciplina y amor por lo suyo, una muestra es la asistencia a actividades como “La fiesta del Perol” donde todos acuden vestidos de blanco. Es identidad convertida en boga.

La danza que Trujillo pone hoy ante los ojos del mundo no es una actividad reciente, está presente en la historia de nuestro país con mulatos, nobles e indígenas retratados en la acuarela del gran Pancho Fierro y que alguna vez inspiró al maestro Juan Benites Reyes.

La marinera es –sin duda– un elemento imprescindible de expresión cultural nacional digo de imitar y festejar con orgullo donde nos encontremos.

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