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Sí, a las reformas políticas

Foto: El Comercio

Editorial

Sí, a las reformas políticas

Así como el Parlamento tiene el derecho de vetar y censurar ministros; también el Ejecutivo tiene la facultad de rechazar la confianza, más aún cuando de por medio están los resultados del referéndum que reclaman reformas políticas.

Varios tradicionales y políticos fracasados tratan de decir que el presidente Martín Vizcarra con la cuestión de confianza va camino a una reedición del 5 de abril de 1992, cuando el ex presidente Alberto Fujimori decretó el autogolpe, cerró el Congreso y finalmente terminó controlando todas las instituciones, e incluso pretendió acallar a la prensa independiente.

Golpe, o autogolpe no es lo mismo que una Cuestión de Confianza.  Hay que recordar que esta figura está en nuestra constitución.  Como el Parlamento tiene derecho a censurar a los ministro; el Ejecutivo también tiene el derecho de ejercer la otra cara de la moción de censura (rechazo de la confianza).

El procedimiento usado como acto previo, ayer, es democrático y no ha apelado a los tanques sino al país y a toda su clase política,  es la continuidad lo que ya el pueblo se pronunció el 7 de octubre pasado cuando los resultados del referéndum dieron un rotundo NO  a apristas, fujimoristas y caciques de la política tradicional que no quieren perder sus mafiosos poderes, parapetados en la triste concepción de que política es servirse y no servir.

Lo que ha pasado desde Alan García hasta Pedro Pablo Kuczinsky, todos ellos procesados por actos de corrupción, no es sino el pus que señala que la herida del país debe sanarse de una vez por todas.  Las reformas políticas son necesarias para el Perú.

No es justo que amparados en una equivocada interpretación de la inmunidad parlamentaria, este mecanismo proteja la impunidad haya producido parlamentarios ancashinos de triste recordación como: Ponce, Crisólogo, Benítez, Anaya, entre otros, sólo por hablar de la región.

No es posible que personas que anteriormente fueron procesados por actos de corrupción como Waldo Ríos Salcedo y muchos ex alcaldes y actuales alcaldes (con hartos procesos y ya en última instancia) pretendan seguir soñando con ejercer el poder, cuando todos sabemos de qué pata cojean.

No es posible que los partidos políticos y movimientos regionales (muchos de ellos clubes familiares y empresariales) seleccionen a sus candidatos por el peso de la plata que por el peso de la experiencia, la capacidad y la vocación de servir.

No es justo que los potentados aprovechen la figura de la votación preferencial para que internamente propicien divisiones y finalmente terminen muchos de ellos siendo tránsfugas para decir que votaron por ellos y no por sus agrupaciones.

No es justo que los políticos de casi todas las tendencias le saquen la vuelta a la Ley de Equidad y Género, poniendo a las mujeres en sus cuadros de aspirantes pero en las últimas ubicaciones.  Los resultados, en Ancash un escaso porcentaje son del sexo femenino. Ellas tienen que tener las mismas oportunidades.

Igualmente es pertinente remarcar lo central Prohibir el dinero sucio en las campañas electorales.  Eso es lo que ha pervertido y pervierte actualmente la política en el Perú, así dan lugar a que Odebrecht, OAS y la parafernalia mafiosa internacional que juega financiando a candidatos de centro, izquierda y derecha a la vez.  A nivel regional y local, se ha visto y ve hasta ahora cómo muchos empresarios de la construcción son los que realmente instalan y vacan autoridades con el poder de sus dineros.  Muchos candidatos, terminan siendo pervertidos por ellos; instalados en el poder tienen que pagar las facturas políticas de sus campañas electorales a costos de sobrevaloraciones.

Todas estas cosas tienen que cambiar.  El Parlamento, que tristemente ha blindado al fiscal supremo Pedro Chávarry, no puede seguirse atribuyendo un poder que lamentablemente va perdiendo cuando se pone a espaldas del pueblo que le ha pedido rectificación.

O los congresistas se rectifican o se cierra este parlamento y se procede a nuevas elecciones como lo señala la Constitución. Basta ya de procastinación, señores congresistas.

 

 

 

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